El Naturalista



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Érase una vez un lugar de Extremadura donde la velocidad dejó de ser espacio partido por tiempo. Aquel día, como muchos días, las ovejas del primo Miguel ramoneaban por las campas cercanas al pueblo desde temprano lentamente, subiendo y bajando por entre los palmitos y las jaras de forma aparentemente desordenada, si bien madres e hijas se reconocían de sobra por el balido familiar. El pastor las mantenía a raya con la ayuda de un perro pastor de la fauna local de ojos profundos y raza indefinida, pequeño, de pelo blanco y erizado. Pasamos con el utilitario por entremedio del rebaño y ellas nos miraron con desparpajo y sin inmutarse, incluso un carnero dió varias topadas en la puerta del piloto como advertencia. 


Tras recorrer algunos kilómetros desde el pueblo llegamos a la casa. El viejo molino, que estuvo a punto de desaparecer, presentaba un aspecto realmente saludable tras la restauración. Una imponente higuera sombreaba la entrada, junto a una sencilla pérgola recubierta de hojas de una antigua parra que nacía de la tierra misma en aquel pequeño vergel. El naturalista nos recibió con la amabilidad de siempre e inmediatamente nos propuso una gira por los caminos y trochas del entorno, no sin antes enseñarnos el resto de la casa.


La torre del molino y sus dependencias aledañas habían sido rehabilitadas como vivienda, con habitaciones arriba y zonas comunes en el bajo. El forro interior de la vivienda era de madera, paredes, suelos y techos, y toda la vivienda contaba con ventilación natural y una temperatura estable, apoyada en invierno con una instalación de calefacción conectada y de aprovechamiento de la energía de la chimenea. La parte del corral integraba dos instalaciones solares, solar termica y fotovoltaica. Toda la iluminación era tipo led y luz cálida, y los puntos de luz orientados hacia abajo, con lo cual se evitaba cualquier tipo de contaminación lumínica nocturna. Finalmente pudimos admirar la huerta, que daba frutos de la tierra de primera sin fertilizantes químicos y con tomates, cebollas y pimientos de los de verdad. 


Aquel día recorrimos casi media Comarca, llegando hasta Jerez de los Caballeros, donde admiramos algunas de las encinas más imponentes de la península ibérica y pudimos disfrutar de la compañía del naturalista en su medio, el campo. No era sencillo coger un hueco en su agenda, y tampoco era raro intentar hablar con él y que estuviese volando para Perú, viajando en tren para asesorar en alguna Cumbre del Clima o asesorando a un par de ministros sobre energías renovables. 


Visitamos una cantera de granito, donde recogimos una piedra para el hogar de la cocina que estaba construyendo en la casa. También fuimos al antiguo poblado celta, en cuyas lomas cercanas pastaban las retinas a sus anchas. Pasamos un rato muy bueno dándonos un chapuzón en la ribera, donde vimos tortugas, peces, pájaros, plantas y árboles típicos del bosque en galería. 


La vuelta fue placentera, admirando las estribaciones de la Sierra de AracenaYa bien pasado el mediodía recalamos en el bar del pueblo, donde descansamos y tomamos un vino con un pincho de tortilla. Allí apareció y pudimos hablar con Miguel, un gran amigo y Alcalde del pueblo.


Miguel nos explicó como el pueblo, la comarca, la región, incluso el país, van caminando ya con las energías renovables gracias a la cada vez mayor conciencia ecológica, y que gente como El naturalista han sido quienes lo han hecho posible. Cuando en 1977 nadie sabía que era un panel solar, otros como él llevaban varios años investigando este asunto, y en 1983 el desarrollo de sistemas solares en Almería fue gracias a personas como él, pasando de ser un simple asunto a un factor estratégico de crecimiento a todos los niveles. 


Yo creo que la meritocracia al naturalista no le importaba nada. Era más bien dado a irse de vacaciones a aprender a alguna colonia de estudiantes en México, o impartir un curso en Estados Unidos para estudiantes de renovables avanzadas, incluso diseñar un plan energético en la selva peruana ya en su etapa de catedrático emérito. Jamás lo vi debajo de una sombrilla en verano.


Recuerdo un verano en Almería, y como una pequeña manada compuesta de niños semi silvestres y por un servidor, ignorantes ante su sabiduría de lo natural lo perseguíamos por la orilla escuchando sus explicaciones científicas, y como ėl nos explicaba el por qué de cada una de las maravillas que componen este pequeño globo azul llamado planeta tierra, al cual amaba profundamente. 


Quizás la mejor forma de rendir homenaje a quien fue un compañero para todos nosotros y nosotras sea honrar su memoria con este video, una de sus últimas lecciones magistrales.

gracias Valeriano.



Sol 21 energía solar en memoria y agradecimiento a Valeriano Ruiz, ingeniero y naturalista, experto en ciencias ecológicas, experto en fisica y quimica, miembro del consejo asesor para el cambio climático, experto en ciencias de la naturaleza, experto en desarrollo para el empoderamiento de comunidades indígenas, catedrático de termodinámica, amigo de sus amigos, amante de la naturaleza, guía infantil para excursiones, pionero en el desarrollo de sistemas solares renovables, agroconsultor, miembro fundador y presidente honorífico de SOL 21_energia solar. 

Más información sobre Valeriano Ruiz:

https://valerianoruiz.wordpress.com/


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Eva Ruiz Sánchez, Javier Rosa Castejón, Fernando Paneque Sosa y Rafael Rosa Castejón. 

S⊙L 21 

41012

Sevilla


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